Todo roto
se puede reparar?
Si hay dolor, es porque había amor. Y si había amor, no había que dejarlo pasar.
No pido permiso para sentir intensamente.
Como si la existencia fuera permitida en toda su intensidad, precisamente porque detenerla a cada instante rompería aquello que la hace viva.
Entonces aparece esta idea tremenda de que el tiempo, el caos, el error y el amor están entrelazados.
El tiempo revela qué puede sostenerse y qué no.
El caos irrumpe cuando algo no es sostenible en el tiempo, dado un error. Resistir, resolver y reparar involucran la expulsión del dolor y la expansión del amor.
El dolor no crea el amor. Revela que aquello que fue amado necesita ser reparado.
Sostener y reparar son inseparables. Se repara para sostener. Al reparar expulsamos el dolor y expandimos el amor. El dolor sigue ahí. No desaparece. Deja de gobernar. Su energía deja de consumirse en la resistencia y comienza a orientarse hacia la reparación.
Sostener deja de ser una lucha permanente en la que resistimos una tensión y se vuelve un acto amoroso en el que ablandamos algo al reparar.
Quizás el tiempo sea el mayor acto de amor que existe. Nos permite observar, esperar, comprender y reparar. No todo ocurre de manera instantánea. Hay procesos que solo el tiempo sabe sostener.
El amor también observa. Espera. Analiza. No se apresura, porque comprende que la vida no se transforma por la fuerza, sino por la capacidad de reparar aquello que duele.
El dolor es pasajero. El sufrimiento es una elección.

